
-Sí... el amor... el amor... ahh te comprendo Totó, las de ojos azules son las más difíciles. Hagas lo que hagas nunca consigues que sean tus amigas... sí... poco se puede hacer. Cuanto más insiste el hombre, más profundas son las huellas, y si además está en medio el amor sufre, porque sabe que está en un callejón sin salida.
-Te lo había dicho, tú crees que quería tomarte el pelo, pero precisamente las de ojos azules son las más difíciles.
- Pero, ¿por qué? Tiene que haber una manera de hacérselo entender.
- Bahh no pienses en eso Totó, no pienses más. Tratándose de sentimientos no hay nada que entender, ni nada que puedas hacer para que te entienda.
- Parece que has creado el mundo...
- No és por quitarle mérito al Señor... ya que hizo el mundo en dos o tres días. Yo habría tardado un poco más, pero algunas cosas, modestia aparte, habrían salido mejor.
- ¿Has visto que es como yo digo?
- Tienes una respuesta para todo.
- Je, je, je... quiero hacerte feliz Totó... ahora te contaré una cosa, sentémonos un momento. Una vez, un rey celebró una fiesta. A ella fueron las princesas más bellas del reino. Un soldado que hacía la guardia vio pasar a la hija del rey. Era la más bella de todas, y se enamoró enseguida, pero... ¿qué podía hacer un pobre soldado en comparación con la hija del rey? En fin, un buen día consiguió hablar con ella y le dijo que no podía vivir sin estar a su lado. La princesa quedó tan impresionada por su fuerte sentimiento que le dijo al soldado: si consigues esperar cien días y cien noches bajo mi balcón... al final seré tuya.
Y a partir de ese instante, el soldado se fue allí y la esperó un día... y dos días... y diez... y luego veinte... y cada noche la princesa lo observaba desde la ventana pero él no se movía nunca. Con la lluvia... con el viento... con la nieve... siempre estaba allí. Los pájaros se le cagaban encima y las abejas se lo comían vivo, pero él no se movía. Después de noventa días estaba tremendamente delgado... pálido. Al pobre le resbalaban las lágrimas de los ojos y no podía contenerlas, ya no le quedaban ni fuerzas para dormir. Mientras, la princesa seguía observándole y al llegar la noche noventa y nueve el soldado se incorporó... cogió la silla... y se largó de allí.
- No me digas!! ¿Al final?
- Sí... sí. Justo al final Totó. Y no me preguntes cual es el significado, yo no lo sé!! Si lo entiendes, dímelo tú!
- Bahh
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